Mucho se ha hablado sobre la piratería y sobre los hábitos de descarga de los usuarios de internet. Partiendo de la base de que en efecto, la piratería es, seguramente, uno de los grandes temas a solucionar en el uso de la red de redes, y que social y moralmente hay mucho que hablar sobre el tema, lo cierto es que los grandes medios de comunicación acostumbran a llenar grandes titulares sobre este asunto, no siendo difícil leer sensacionalistas cifras sobre la penetración de la piratería y las descargas ilegales en nuestro país y en la red en general.
Sin embargo, sería bueno, en nombre de la verdad y de la buena práctica periodística que alguien nos explicara (con letras grandes y titulares potentes) cómo es posible que si el usuario medio es un pirata sin moral, un ávido recolector de delitos y un sin ideas ladrón de ajenas… cómo es posible, pregunto, que Apple acabe de lanzar un comunicado en el que se habla del número de descargas “legales” que se han producido desde su tienda Apple Store en poco más de un año.
No son una, ni dos, ni siquiera tres las personas que han descargado algo de este portal…la cifra final asciende a 1.500 millones de descargas que se han efectuado desde las páginas de Apple, bien de sus contenidos gratuitos o bien de su galería profunda y rica de aplicaciones (más de 65.000 en total).
No es motivo de este artículo quitar importancia a la piratería, ni justificarla o reducir su brutal impacto negativo en las economías pero si lo es demandar un poquito más de “justicia” a la hora de hablar de los hábitos de descarga de los usuarios de Internet. ¿Cómo es posible que se produzcan en un año más de 1.500 millones de descargas legales, si lo único que hace un internauta es piratear?
Es curioso pero casi desde el primer momento el término “Descargas” se ha asociado al pirateo o la vertiene más oscura del mundo de internet. En ocasiones parece como si descargarse algo de Internet, sea lo que fuere, estuviera sometido a una especie de juicio moral previo, pese a que estemos hablando de descargas legales.